1 abr. 2011

BUDISMO LA INMANENCIA SERENA

                                 

    La inmanencia serena es una técnica basada en la concentración en un objeto. Esta concentración no es posible lograrla en una sola vez, su efectividad se va dando de vez en vez según nuestra capacidad de concentración. Este es un estado en que nuestra mente es capaz de seguir concentrado en un objeto mental durante tanto tiempo sea posible con una calma exenta de toda distracción. Debes recordar que si no tienes motivación al hacerlo,no serán los mismos resultados, o peor, te desanimas y no lo haces más.
   Su dominio es una cuestión de practica y es la motivación lo que determina el resultado.

    Ahora bien, en un principio, un meditador da inicio al proceso de entrenar su mente mediante la elección de un objeto de meditación. Una vez elegido el objeto de concentración que puede estar basado en la religión a la que pertenecemos estamos listos para comenzar.
   Lo correcto es imaginar el objeto a unos cinco metros de distancia delante de nosotros, a la altura de nuestras cejas con un tamaño de quince centímetros. Una imagen que sea pequeña y tenga un brillo intenso, esto nos ayudará a evitar la somnolencia. También es necesario que le demos un peso, resulta útil por la tendencia a la inquietud mental.
   Durante este proceso es importante mantener la estabilidad y la claridad ya que no debemos dejar que la mente se distraiga. Es muy importante desarrollar calma mental, que nada perturbe nuestro equilibrio, dejar a un lado las preocupaciones mundanas.
    Para proseguir debemos sentarnos en una posición de meditación formal, con la espalda recta. Cuando la mente parece exaltarse y empieza a fijarse en algún recuerdo o en alguna obligación inmediata hay que detenerla y volver a la concentración en el objeto. Al principio resulta difícil desarrollar la calma duradera ya que mantener la mente concentrada en el objeto durante más de un momento ya supone un esfuerzo insoportable, la conciencia sirve para dirigir la mente, devolviéndola al objeto una y otra vez. Una vez centrada la mente, la conciencia la mantiene allí, sin permitir que varíe su foco de atención.

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